Sanidad e inteligencia artificial.

 

Sanidad e inteligencia artificial (IA) es un binomio que me interesa especialmente, por la cuestión tecnológica y porque tengo tengo muchos y muy buenos amigos en la profesión, también familia: suegra, cuñado, esposa, y ahora mi hija menor, estudiante de medicina. Estoy convencido que mas pronto que tarde va a convivir con una explosión de aplicaciones tecnológicas aplicadas a la sanidad (healthtech) que hará que su trabajo sea más eficaz y aporte más valor a la sociedad .

Esta introducción viene a cuento para centrar mis sinceros afectos a la profesión.

En un artículo leído recientemente el autor, Rahul Parikh, pediatra en San Francisco abre un debate sobre IA y labor del médico . Ciertamente su lectura me ha resultado muy inspiradora.

Reconoce el autor, cuestión que comparto, que en materia de diagnóstico y de propuesta de tratamientos la IA proporcionaría una inestimable ayuda a la profesión. Reconoce también que la tasa de éxito de la IA en diagnóstico y eficacia de tratamiento es superior a la obtenida por el médico. Existen ya experiencias contrastadas, como la de la startup española Mediktor, que demuestran la posibilidad de acelerar el proceso de diagnóstico utilizando esta tecnología y el big data. El software desarrollado por esta empresa, a partir de la evaluación de dos millones de síntomas recogidos en 150 paises, puede reconocer unas 750 enfermedades, el 90% de los casos que llegan a atención primaria y urgencias. No creo que deba cuestionar la profesión médica la conveniencia de utilizar la IA en lo relativo al diagnóstico y tratamiento. Tampoco que su utilización vaya a provocar la amortización de puestos de trabajo ya que, como también admite el autor, el buen médico utilizará los recursos liberados con la utilización de la IA para otro tipo de tareas en las que el valor aportado por las máquinas es mínimo, cuando no nulo. Efectivamente en lo que el médico es insustituible es en la labor asistencial, en la comunicación empática con el paciente y su familia, en una escucha amable de los síntomas, explicación clara del diagnóstico del tratamiento y en el seguimiento de su evolución, tareas que las máquinas están lejos de poder hacer.

Otra ventaja de utilizar el big data y la IA es que puede contribuir a reducir drásticamente el tiempo de espera en el acceso en la sanidad pública. Siendo la sanidad pública española un referente a nivel internacional resulta inadmisible que una persona con 87 años de edad tenga que esperar DOS AÑOS, dos años, dos, para recibir la asistencia de un especialista en sistema vascular (servicio galego de saúde hace 7 días).

La profesión debería asumir como compromiso prioritario la mejora de los comportamientos hacia el paciente, destrezas estas en las que las personas, como decíamos arriba, resultan insustituibles. Es aquí donde realmente hay que cambiar, y adquirir estas competencias corresponden a la facultad. Es sorprendente que de un total de 360 créditos de que consta el grado en medicina en la UAM tan solo se dedique una mínima parte de los 10 créditos de dos materias de primer curso a contenidos relacionados con habilidades y competencias comunicativas. No se cuestiona la calidad y cantidad de los contenidos específicos de la titulación pero es en cuestiones relativas a los recursos humanos donde existen carencias de urgente solución. En algunos casos, la carencia en competencias comunicativas puede venir acompañada de falta de vocación, y si hay una profesión en la que la vocación resulta esencial es la sanitaria, en especial cuando se está en contacto con el paciente. Sobre esta cuestión invito a reflexionar sobre el concepto IKIGAI, obtenido a partir de un artículo de Xabier Ferras. Todos debiéramos ocupar la posición IKIGAI pero más si cabe en la profesión médica.

Concluye el pediatra su artículo con cuestiones que le inquietan: “¿Están los pacientes dispuestos a compartirnos aún más información personal?”. Al paciente le preocupa la privacidad de sus datos. Desearía también ser propietario de su historial médico. El estado actual de las cosas es muy mejorable con la tecnología; blockchain puede ayudar. Responsabilidad tienen los poderes del estado con su efectiva aplicación. Sin embargo, cuando aún estamos digiriendo la entrada en vigo de la nueva LOPD, la pasada semana el legislativo, a propuesta del gobierno, decide que la privacidad que nos exigen a los ciudadanos no va con ellos, de modo que recabarán información personal para que recibamos propaganda personalizada y sepamos a quien debemos votar. El tercer poder del estado, con cambios de criterio inauditos como el reciente del tribunal supremo sobre el impuesto de AJD aplicable a las hipotecas provoca inseguridad además de asombro.

Otra cuestión por la que el pediatra manifiesta preocupación son los conflictos con las compañías de seguros: “Si la IA demuestra que su tratamiento es mejor, pero el usuario o el médico no están de acuerdo, ¿qué hará la compañía de seguros?”. Las compañías de seguros tienen ya en la actualidad que resolver multitud de conflictos en relación con la sanidad; podemos pensar en demandas por mala praxis, errores de diagnóstico con consecuencias dramáticas para el paciente. En todo caso la IA no sustituye sino que es una tecnología más de ayuda al médico.

Otra pregunta que el autor se hace: “¿Qué pasaría si el algoritmo pasara algo por alto o se aplicara de forma incorrecta? ¿Quién sería el responsable, el médico o el fabricante de la máquina?”. Como en casos de conducción autónoma habrá que adaptar el marco normativo a la nueva realidad para dirimir este tipo de responsabilidades.

Todos estos dilemas y muchos más deben ser resueltos pero en ningún caso su existencia puede impedir la utilización de unas tecnologías que se muestran incontestables. No nos podemos permitir renunciar a su utilización. Hace unos días participé en una cena en la que un médico asistente mostraba su enfado por tener que aprender, a su edad próxima a la jubilación, tecnologías que le eran ajenas. Lo suyo era la medicina, no las “maquinitas”.

Confío que la generación de mi hija cambie las cosas, por interés de todos y del mío propio.

 

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